+ En el nombre
del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Señor,
hoy tu palabra me ensancha el corazón, me da alegría, me ofrece esperanza.
¿Cómo puedo estar triste esperando a Jesucristo que viene de bodas y me invita
a su mesa? ¿Cómo tener miedo a Jesucristo que viene a dialogar individualmente
con cada uno de nosotros y a servirnos uno a uno? ¿Cabe mayor delicadeza? ¿Cabe
mayor signo de amistad? ¡Gracias, Señor, por ser como eres!
Del santo Evangelio según san Lucas 12, 35-38
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos".
Palabra del Señor.
Reflexión
h
El cristiano no es un náufrago sin brújula, sino que sabe de dónde viene, a
dónde va y cómo llegar; conoce el objetivo, los medios para ir y las
dificultades. Tenerlo en cuenta nos ayudará a vigilar y a abrir la puerta
cuando el Señor nos avise.
La
exhortación a la vigilancia y a la responsabilidad se repite con frecuencia en
la predicación de Jesús por dos razones obvias: porque Jesús nos ama y nos
“vela”; el que ama no se duerme. Y, porque el enemigo, el diablo, no para de
tentarnos.
El
pensamiento del cielo y del infierno no podrá distraernos nunca de las
obligaciones de la vida presente, pero es un pensamiento saludable y encarnado,
y merece la felicitación del Señor: «Que venga en la segunda vigilia o en la
tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!». Jesús, ayúdame a vivir
atento y vigilante cada día, amándote siempre.
Para la reflexión personal
Este mensaje no se debe aplicar solo a la espera de la segunda
venida de Cristo. El Reino de Dios ya se está haciendo presente en nuestro
mundo, y tenemos que abrir los ojos para descubrir sus pasos por nuestras
vidas.
a)
¿Cómo nos preparamos ante el Señor, que está viniendo cada día a
nuestra vida?
b)
¿Cómo preparamos una posible llamada del Señor al Reino eterno?
c)
¿Qué significa para cada uno de nosotros tener «ceñida la cintura»
y «las lámparas encendidas»?
Medita la oración hecha canción.
ORACIÓN: ¿Qué le digo a Dios?
Orar,
es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su
Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y
es el momento de decirle algo al Señor.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria
Pidámosle a Santa María, nuestra Madre, su ayuda.
Madre,
esperanza nuestra: resulta
fundamental tenerte fe y devoción, como una de las diversas maneras de estar
preparados para la venida de tu Hijo, porque eres Madre y no vas a permitir que
alguno de tus hijos no esté bien dispuesto para ir al encuentro del Señor.
Enséñanos
a estar bien preparados, cumpliendo con nuestro deber, haciendo primero
oración, después expiación y hasta el final acción, haciendo lo grande en lo
pequeño, como tú hacías, porque las almas grandes tienen en cuenta las cosas
pequeñas.
Sé
que todo debe hacerse por amor, porque lo que se hace por amor se engrandece, y
merece el premio en la vida eterna.
Amén.
+ En el nombre
del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Padre José Luis Romero
Landeros IJS
Referencias:
Espada de dos
filos.
Mi vida en Xto.
La oración
nuestra de cada día.
Jóvenes
católicos.
Ocarm.
Rezandovoy

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