+ En el nombre
del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Quien
entra en la dinámica del Evangelio sabe que ningún poder político, económico o
religioso puede ocuparle el corazón. Dios no acepta corazones divididos. Hay
que amar al Señor con todo el corazón. Pero Dios no es un ser egoísta que
busque nuestro amor para sí mismo. Dios quiere que toda persona, que es “imagen
de Dios” reciba el amor que se merece. No podemos amarla con un corazón a
medias. Todo el amor que le debemos a Dios, quiere que lo entreguemos a los que
Dios más ama: sus pequeñitos., es decir, los que más lo necesitan.
Del santo Evangelio según san Mateo 22, 15-21
En
aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a
Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: "Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?".
Conociendo
Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: "Hipócritas, ¿por qué
tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo". Ellos le
presentaron una moneda. Jesús les preguntó: "¿De quién es esta imagen y
esta inscripción?". Le respondieron: "Del César". Y Jesús
concluyó: "Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de
Dios".
Palabra del Señor.
Reflexión
Hoy,
se nos presenta para nuestra consideración una "famosa" afirmación de
Jesucristo: «Lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios».
No
entenderíamos bien esta frase sin tener en cuenta el contexto en el que Jesús
la pronuncia: «los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de
sorprenderle en alguna palabra», y Jesús advirtió su malicia. Así, pues, la
respuesta de Jesús está calculada. Al escucharla, los fariseos quedaron
sorprendidos, no se la esperaban. Si claramente hubiese ido en contra del
César, le habrían podido denunciar; si hubiese ido claramente a favor de pagar
el tributo al César, habrían marchado satisfechos de su astucia. Pero
Jesucristo, sin hablar en contra del César, lo ha relativizado: hay que dar a
Dios lo que es de Dios, y Dios es Señor incluso de los poderes de este mundo.
El
César, como todo gobernante, no puede ejercer un poder arbitrario, porque su
poder le es dado en "prenda" o garantía; como los siervos de la parábola
de los talentos, que han de responder ante el Señor por el uso de los talentos.
En el Evangelio de san Juan, Jesús dice a Pilatos: «No tendrías contra mí
ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba». Jesús no quiere presentarse
como un agitador político. Sencillamente, pone las cosas en su lugar.
La
interpretación que se ha hecho a veces de Mt 22,21 es que la Iglesia no debería
"inmiscuirse en política", sino solamente ocuparse del culto. Pero
esta interpretación es totalmente falsa, porque ocuparse de Dios no es sólo
ocuparse del culto, sino preocuparse por la justicia, y por los hombres, que
son los hijos de Dios.
Pretender
que la Iglesia permanezca en las sacristías, que se haga la sorda, la ciega y
la muda ante los problemas morales y humanos de nuestro tiempo, es quitar a
Dios lo que es de Dios.
Para la
reflexión personal
En el evangelio de hoy, Jesús ofrece una respuesta clara y
contundente: «Pues den al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de
Dios».
a)
«Den al césar lo que es del césar». ¿Cómo es nuestro compromiso
cristiano en la vida pública y política?
b)
«Den a Dios lo que es de Dios». ¿Qué papel juega Dios en nuestra
vida?
c)
¿Cómo entendemos que debería ser la relación entre fe (Iglesia) y
política (poderes públicos)?
Medita la oración hecha
canción.
ORACIÓN:
¿Qué le digo a Dios?
Orar,
es responderle al Señor que nos habla primero. Estamos queriendo escuchar su
Palabra Salvadora. Esta Palabra es muy distinta a lo que el mundo nos ofrece y
es el momento de decirle algo al Señor.
Reza un Padre
Nuestro, un Ave María y un Gloria
Pidámosle a María, nuestra Madre,
su maternal ayuda.
Madre
mía: Jesús
dio la respuesta perfecta a la pregunta capciosa que le hicieron, y se sirvió
para ello de la imagen del César. Y a mí me hace pensar en la imagen de Dios de
la que habla el libro del Génesis en el relato de la Creación.
El
pecado original y todos los pecados de los hombres han dañado esa imagen de
Dios impresa en el alma por querer divino. Tú eres la mujer pensada por el
Creador cuya descendencia aplastaría la cabeza de la serpiente. Tu Hijo vino al
mundo para saldar la deuda debida por el pecado, y así recuperar para la
humanidad la perfección perdida.
Reconozco
que yo, sacerdote, debo ser un fiel instrumento en manos de Dios, para
administrar eficazmente la gracia en favor de los hombres, puliendo y tallando
cada alma, cada oveja de mi rebaño, para que recupere en su alma la verdadera
imagen de Dios.
Ayúdame,
Madre, para ser muy dócil al Espíritu Santo, y primero me convierta yo, para
poder cumplir muy bien con mi misión dando fruto, y que ese fruto permanezca.
Amén.
+ En el nombre
del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Padre José Luis Romero
Landeros IJS

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